Sobre cómo aprendí a manejarme en inglés gracias a un tartamudo


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Para un español de pura cepa, cuyo apellido esté en el rango de Fernández, Hernández, García o similar, no entender el idioma inglés es un hecho, por definición, de ahí no se puede escapar uno. Es como eso de “blanco y en botella”, no hay discusión, no hay un “no te preocupes María, este hijo a lo mejor nos sale distinto”. Dos + dos son cuatro y lo que acabo de decir es un axioma: algo que se acepta sin necesidad de demostración, porque todo el mundo sabe que es verdad.

Es más, no es que no entendamos lo que dicen en inglés, es que no distinguimos dónde acaba una palabra y dónde empieza la otra. Sé de qué hablo, mi primer apellido es Hernández, y por si hubiera alguna duda el segundo es Álvarez. Es como clavar un ataúd y luego rodearlo con cinta aislante, por si acaso.

Ahora os digo que un tartamudo, o tartamuda, os puede ayudar. Si estáis más bien en la franja de los Pérez de Guzmán, Rocasolano, Zuloaga, Osorio o Fitz-James Stuart, dejad de leer ya mismo, mi historia no os aporta nada.

Os cuento ahora mi experiencia con un amigo tartamudo que tuve en el instituto. Llamémosle X, bueno mejor XXX porque era tartamudo. Esta historia es verídica y por eso no menciono el nombre, dejémoslo en XXX, como Vin Diesel pero con pelo.

XXX era un tío super majete, yo le quería un montón, pero la comunicación con él era poco menos que imposible, al menos en los contextos en los que nos movíamos. Salíamos de marcha, a bares con mucho ruido, discotecas con la música a tope, ese rollo.

Su característica principal era que se atrancaba en la primera sílaba, esa le costaba, pero cuando esa salía, venía todo detrás. En media expiración salía todo un párrafo de 10 líneas sin comas ni espacios entre palabras.

Al principio, cuando no le entendía, le volvía a preguntar, pero el segundo intento era peor, se empezaba a poner nervioso, se ponía colorado y la cosa no mejoraba, sino todo lo contrario. A la tercera pregunta XXX pasaba un infierno, además de tartamudo era super tímido.

Con este panorama tuve que crear mis estrategias, no ya para entenderle, sino más bien para no hacerle pasar un mal rato y no torturarle. Empecé a asentir con la cabeza cuando me contaba algo, gesticulando para darle feedback, mientras el tono fuera plano todo iba bien.

El problema surgía cuando el tono subía y sabías que te estaba haciendo una pregunta. Segunda parte de la estrategia, cambiar de tema. Cuando oía la entonación ascendente le rompía la cintura, decía algo así como “mira que tía tan guapa acaba de pasar”, se giraba y yo a partir de la nueva situación generada iniciaba una conversación nueva, escollo salvado, y así toda la noche.

La estrategia tenía tres pautas:
1. Mientras estés hablando estás seguro.
2. Si el otro habla, mientras el tono sea plano estás seguro, siempre que asientas.
3. Si el tono escala, haz un quiebro y cambia de tema. Vuelve al patrón uno, o al dos.

Nunca pensé que esta estrategia piadosa me traería beneficios profesionales tiempo después. Empecé a tontear con trabajos en los que tenía que hablar inglés. En entornos controlados más o menos la cosa iba bien, el problema eran los team events, en los que nos juntábamos todos en un restaurante. Había conversaciones cruzadas en la mesa, distintos acentos de nacionalidades diversas, lo que viene a ser un “puto hell”. Desde el principio empecé a aplicar la estrategia XXX y me funcionaba igual de bien que con mi amigo: hablar de algo, intentar rellenar el espacio todo lo posible, escuchar asintiendo mientras el tono es plano y dar un bandazo si el tono sube.

Os puedo asegurar que durante mucho tiempo pensé que me despedirían al día siguiente por no enterarme de nada, pero nada pasó, he de deciros que los días pasaban y la estrategia XXX parecía funcionar.

La estrategia XXX es oro puro, es una navaja suiza, sirve también para pesados que se te pegan en un bar, para parejas que os cuentan cosas que no os interesan una mierda, etc., lo dicho, ORO PURO.

Con el tiempo, hasta los Hernández Alvarez mejoramos, pero requiere mucha constancia con la estrategia XXX.

Que conste que no os animo a pasar por angloparlantes con artimañas, sino a que estudies y mejoréis en los idiomas. Solo os doy una estrategia para que no tengáis que simular un ataque de epilepsia para que una ambulancia os saque de una situación embarazosa. Os ayudo a que salvéis los muebles.

Como este tema de tener el cerebro de cemento para los idiomas siempre me preocupó, con el tiempo desarrollé una técnica un poco más elaborada para empezar a entender inglés de verdad. La respuesta es la percepción 3D, os dejo unos links a un par de mis artículos, dentro del programa de Shangri-Light. En el primero expongo la técnica y en el segundo introduzco como aplicación (entre otras) el aprendizaje de idiomas.

Tu máximo potencial está a solo un clic de distancia.

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2 responses to “Sobre cómo aprendí a manejarme en inglés gracias a un tartamudo”

  1. Avatar de Jose L Cruz
    Jose L Cruz

    Muy bueno, no soy Hernández, pero se aplica totalmente a los Cruz…

    1. Avatar de Juan A. Hernández

      Ánimo Cruz, del pozo se puede salir :).


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