Sobrevivir en el desierto gracias a la inducción matemática


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“El desierto te da otra perspectiva, dependes de ti únicamente y solo te salvará el conocimiento que tengas de ti mismo, y de las matemáticas.»

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Tocamos hoy un tema interesante, hoy va de supervivencia pero también de resiliencia y de nuestra capacidad para superar cualquier obstáculo. El desierto en esta historia es la metáfora de lo imposible, de la desesperanza y de la frustración.

Resumen de este post

Hoy te cuento cómo las matemáticas te pueden salvar la vida, ayudarte a ir al gimnasio cuando no te apetece una mierda y a terminar el último curso de tus estudios cuando ya no puedes más y aún te quedan tres asignaturas.

Las pelis de desiertos

Las películas tienen una gran influencia en la mente de los niños, en mi mente infantil también la tenían. En general me gustaban las de aventuras, y en especial las de supervivencia. En aquella época había muchas de personajes que se perdían en el desierto y tenían que andar largas distancias bajo el sol abrasador buscando una salida a kilómetros y kilómetros de distancia.

Para mí las escenas claves eran aquellas en las que los protagonistas empezaban a flaquear y a andar cada vez más despacio, tambaleándose, hasta que llegaban a un punto en el que se desplomaban, y a partir de ahí la historia podía variar. Si alguno era un personaje protagonista entonces aparecían los tuaregs y los salvaban, y si no lo eran en su lugar aparecían los buitres y terminaban el trabajo.

Un desierto en el patio de mi casa


Yo recreaba escenas de supervivencia en el desierto en el patio de mi casa (que es particular). Involucraba a mi hermano pequeño, cuatro años menor, diferencia que ahora no se nota pero que entonces era suficiente como para que me siguiera en mis aventuras incluso si no tenían ni pies ni cabeza.

El juego consistía en dar vueltas al patio una y otra vez, arrastrando los pies y tambaleándose, portando una cantimplora de plástico barato con agua recalentada por el sol, horas y horas. Nuestra madre salía de vez en cuando.

– ¡Pero muchachos, dejad de beber agua que os va a salir por las orejas!.

Pero el calor del desierto era implacable, teníamos que beber y beber agua calentorra, cuanto más mejor para mantenernos hidratados. Litros y litros.

Con frecuencia regañaba a mi hermano porque no se tambaleaba lo suficiente o porque no arrastraba los pies con arte. Había que cuidar los detalles…

Los mejores meses para recrear la escena eran Julio y Agosto, eran perfectos para tener calor de verdad y no tener que imaginarlo. ¿Y el mejor momento?, la hora de la siesta por supuesto.

Nuestras aventuras nos costaron varias diarreas por consumo masivo de agua como el caldo, pero todo era por un objetivo, vencer al desierto. Durante nuestra infancia debimos caminar miles de kilómetros, suficientes para haber llegado de Madrid a Paris, ¡podríamos haber ido a Euro Disney gratis!.

Ese último paso, el gran enigma

La clave de todo es el último paso, ese en el que el personaje se derrumba, sin posibilidad humana de dar uno más. Pero ¿por qué no se puede dar ni un paso más?, ¿por qué es precisamente ese en el que te derrumbas?.

Estas preguntas me engancharon y no fue hasta mucho después que entendí cómo lidiar con el enigma.

La inducción matemática

Estudiando matemáticas durante la carrera un concepto me hizo conectar ideas: la inducción matemática. Es un procedimiento demostrativo que se aplica a una serie de elementos ordenados. La demostración por inducción se basa en dos pasos: primero se demuestra que algo es verdadero para el primer elemento de la serie ordenada, y a continuación se demuestra que si algo es verdadero para un elemento lo es también para el siguiente.

Así pues si se dan estas dos condiciones la veracidad se propaga automáticamente desde el primer elemento hacia los siguientes de forma consecutiva hasta el infinito.

Fue un ¡EUREKA! mental, eso es lo que necesitaba saber para resolver la travesía del desierto.

¿Queréis un poquito de magia de la buena?

¿Veis por dónde voy?, según la inducción si podemos dar el primer paso y si dar un paso implica que al menos podemos dar otro más, podremos andar hasta dónde queramos.

Podemos atravesar el Sáhara y llegar a Tombuctú, solo es cuestión de ocuparse del próximo paso. Pero nuestro error es que no nos focalizamos en el siguiente paso, sino que estamos pensando en Tombuctú, y la distancia que nos separa es tan abrumadora que nos desplomamos cuando estamos exhaustos. De ahí sale ese paso en el que nos caemos, es el punto de fractura mental cuando miramos al todo en vez de mirar al n+1.

Inducción para ir al gimnasio


Bastante tengo yo con que sea lunes, encima tengo que ir al gimnasio. Estoy cansado después de venir de la ofi, no me apetece nada ir. Mi mente proyecta automáticamente frente a mí una escena en la que estoy en el gimnasio haciendo fondos, sintiendo el dolor de los músculos. La escena es muy real, es una especie de teletransportación para desincentivarme.

Sufro una segunda teletransportación: recuerdo el paquete de seis cervezas fresquitas que tengo en la nevera, y la bolsa de patatas fritas de la despensa, y me veo en el sofá viendo una peli de Netflix con una birra en la mano.

Empiezo a negociar conmigo mismo, «puedo no ir hoy y ya recuperaré otro día», me digo. Me puede la distancia, no puedo con todo el camino a Tombuctú.

Pero no necesito pelear con el todo. Solo necesito ser capaz de levantarme de la silla, después solo necesito ser capaz de andar hasta el armario, luego sacar la bolsa del gym, meter la ropa dentro y si he podido esto último sabré que puedo bajar las escaleras de casa, y que después seré capaz de subirme al coche….., y así sucesivamente, pensando solo en el paso siguiente.

Sin darme cuenta no solo he llegado al gimnasio, sino que también he acabado ya la sesión y he entrenado mejor que nunca.

Inducción para cualquier desierto

 

En nuestra vida nos toca atravesar muchos desiertos: el trabajo, los estudios, el gimnasio, esa cena de Navidad que no nos apetece una mierda, etc.

El principio siempre es el mismo, la inducción, pero cierto es que posiblemente no seas capaz de aplicarlo por ti mismo con solo mostrarte yo el camino. Es probable que necesites algún que otro detallito técnico adicional que acompañe a esta focalización paso a paso que te he contado.

Si has llegado hasta aquí eres capaz de leer un apartado más, ¡inducción!, ¡inducción!. ¡Venga, un apartado más y te lo cuento!.

El auto-diálogo


Es una técnica de psicología deportiva, aunque en algunos textos puedes encontrar este concepto descrito como auto-informe. El concepto es el mismo, hablarnos a nosotros mismos mientras realizamos una tarea.

Puedes elegir una especie de mantra del tipo «siguiente paso» o «uno más», etc. Lo dejo a tu elección.

Nuestra mente es una maraña de sensaciones y pensamientos entrelazados, una amalgama muchas veces confusa. Cuando nos hablamos, pronunciando mentalmente una palabra o frase, el significado de lo que decimos se materializa en nuestra mente como una frase mágica y vacía de cualquier otro contenido nuestra consciencia, al menos durante unos pocos segundos. Un significado puro permanece, eso sí es efímero. Por lo tanto tendremos que repetir nuestro mantra regularmente para mantener el significado de la inducción en nuestra consciencia. Haremos esto durante todo el entrenamiento o mientras estamos planchando: «otra camisa», «otra más», y de ahí hasta el infinito y más allá.

Creo que ya tienes suficiente material para reflexionar y empezar a trabajar.

¡Que la inducción te acompañe Luke!

Soundtrack del post

Aquí os dejo con DJ Peresoso y su «Liquid Spirit».

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