Pudo ser un lunes, un miércoles o un viernes, no me acuerdo, pero seguro que fue uno de esos días, ya que eran los que yo daba clases de Karate en la Universidad Autónoma de Madrid en aquella época. De ella no recuerdo su nombre, solo que llevaba poco tiempo entrenando conmigo y que era una alumna entregada, se esforzaba y venía cada día a entrenar, sin faltar ni uno.
Por eso me extrañó que faltara durante varias semanas seguidas. Pero aquel día se presentó y este fue el diálogo:
- ¡Buenos días Juan!
- ¡Buenos días!, ¿qué tal?.
- Bueno, ahora bien, pero he estado lesionada. Me hice daño haciendo el spagueti.
- ¿Cómo?
- Sí, sí, el espagueti.
- ¿El espagueti?.
- Sí, ese ejercicio que se hace así (e hizo un gesto con los dedos que represento a continuación con una foto).
- Dirás el spagat ja ja.
- Pues bueno, será el spagat ja ja.
y aquí va el spagat de verdad
Pues sí, hoy la historia va de lesiones, porque seguro que alguna vez os habéis lesionado. No importan los tecnicismos, da igual si os lesionásteis haciendo el espagueti o de cualquier otra forma, hoy vamos a hacer un repaso de las distintas formas de lesionarse. Hagamos una clasificación, porque es importante identificar las causas.
Lo que cuento a continuación aplica no solo a disciplinas deportivas sino a cualquier actividad física. Vale para Karate, Baloncesto, Yoga, Pilates o para un simple paseo. También comentaros que los conceptos empleados son totalmente genéricos, las lesiones no saben de género y nos atacan a todos por igual.
La lesión del tuercebotas
El tuercebotas no nace, se hace. En el recreo del colegio no despega el culo de la silla, o juega de pie sin moverse demasiado. Pasa el tiempo hablando o jugando a juegos que no le suben las pulsaciones por encima de cincuenta por minuto.
El tuercebotas muchas veces es un portento en matemáticas pero no es capaz de botar un balón de baloncesto dos veces seguidas, el primer bote le da en la punta del zapato y el balón se sale de la cancha.
Meter a un tuercebotas adulto en un gimnasio es condenarle a tres meses y un día de hospital. Lo mismo se le cae una pesa en un pie y se lo parte, que se tropieza con una pestaña y en vez de poner las manos pone los dientes.
Un monitor de gimnasio debería envolver al tuercebotas en papel burbuja nada más verle aparecer por la sala. Se les distingue al momento, se suelen sentar al revés en la máquina de pesas y al andar no bracean, llevan los brazos colgando todo el rato. Esto debería ser el ABC de los monitores de gimnasio: detección y prevención.
El problema es la coordinación y la psicomotricidad. No tienen esas cualidades porque nunca las han desarrollado. El cerebro del tuercebotas le da una orden a su pierna para dar una patada al balón y se le mueve un codo.
La lesión del empanao
El empanao, a diferencia del tuercebotas, no solo es un peligro para sí mismo sino también para los demás. El empanao tuvo una infancia normal, pero en algún momento tuvo una disociación y su cuerpo y su mente empezaron a ir por caminos diferentes.
El empanao puede tener capacidades pero no las puede usar porque cuando las necesita están en otro sitio. El empanao es como Santa Teresa de Jesús, vive sin vivir en él.
Y el problema empieza ahí, cuando su cuerpo está en el gimnasio y su mente ni siquiera se ha matriculado. El empanao estará mirando una pelusa del suelo mientras se supone que está ayudando a un compañero que hace press de banca, y sin saber cómo oye un crujido y ve a su colega aplastado por la barra de las pesas y más delgado que un DNI.
El empanao mirará su whatsapp mientras asegura la cuerda a su compañero de escalada y estará descojonandose del último meme viral mientras su compañero cae como un fardo.
Aquí el problema no es de coordinación o psicomotricidad sino de focalización.
La lesión del sobrao
El sobrao se tiene en un pedestal pero su cuerpo es una escombrera. Es una anorexia disléxica, se mira al espejo y ve un cuerpazo y claro, si le proponen apuntarse a las Olimpiadas va y se apunta sin dudarlo.
Seguro que esta historia os resulta familiar. En una empresa en la que trabajé se organizó un partidillo semanal de fútbol. Se alquiló una pista para todo el año y se pusieron manos a la obra, o mejor pies a la obra.
La actividad duró tres o cuatro semanas, lo que tardaron en lesionarse el setenta por ciento de los componentes de los dos equipos.
El problema subyacente es que se acomete una actividad para la que no estás en forma. No es que haya que renunciar a hacer ejercicio, pero hay que acomodar el esfuerzo de forma progresiva.
El problema del sobrao es que está fuera del eje temporal, se dejó la forma física por el camino y aún no se ha dado cuenta.
La lesión del inconsciente
El inconsciente no es que esté fuera del eje temporal, es que ha estado fuera de la realidad toda su vida. No evalúa bien las situaciones en general.
El inconsciente sube al Aneto (la montaña, no el caldo) con chanclas, sale a navegar con nubarrones al fondo y hace bromas fuera de lugar cuando su pareja hace rato que mira fijamente con seriedad y en jarras.
El inconsciente llega a adulto porque existe el ángel de la guarda o por pura suerte no merecida. Muchos inconscientes se quedan en el camino y no llegan a la edad adulta porque su ángel de la guarda presenta la dimisión, o porque el puro azar es como la peli de «Los inmortales», solo puede llegar uno.
¿Cómo arreglamos este desastre?
La buena noticia es que esto tiene arreglo, para la mayoría al menos…. Y si ambos tienen la suficiente paciencia, el entrenador y el entrenado, tiene arreglo para todos.
Psicomotricidad y coordinación
El perfil tuercebotas requiere mucho trabajo, ya que hay que entrenar mucha coordinación y psicomotricidad genéricas, independientemente de la actividad física que quiera realizar. Sin unos módulos transversales genéricos difícilmente podrá aprender la técnica de su deporte o actividad física en cuestión.
Pero todo es entrenable, y lo que no hizo en el recreo de su colegio se puede hacer más tarde, aunque con más esfuerzo. En poco tiempo podrá botar varias veces el balón sin que le pegue en el zapato.
Convierte cada entrenamiento en una sesión de meditación
El perfil empanao necesita en primer lugar aprender los conceptos del mindfulness y en segundo lugar aplicarlos a la actividad deportiva.
Ya he escrito varios posts sobre mindfulness, pero aún no he descrito la segunda parte, cómo llevar esos conceptos, diseñados para la vida diaria, a la práctica física. Todo a su tiempo, escribiré sobre ello.
Planificación y programación de los entrenamientos
El perfil sobrao necesita sobre todo planificar sus entrenamientos y programar no solo el contenido, sino también el volumen y la intensidad del entrenamiento. Una progresión planificada de una forma adecuada nos llevará a dominar cualquier disciplina. Pero todo lleva su tiempo, ¡un poco de paciencia!.
¿Y qué hacemos con el inconsciente?
Lo del inconsciente tiene miga, ya que normalmente no calibra bien en ninguna de sus facetas. En su momento escribiré sobre «El camino de la transformación interior», que es un método de mejora de ciertos aspectos que nosotros decidamos. No es una metodología deportiva en sí, sino un método general que también puede aplicarse al deporte. En su momento escribiré algunos post sobre este tema. Los inconscientes tendrán que esperar un poco aún.
No siempre es culpa nuestra
Este post no intentaba ser una clasificación exhaustiva, aunque en tono de humor sí toca alguno de los puntos clave.
Hay veces que nos lesionamos a pesar de tomar todas las precauciones, es lo que hay, no hay riesgo cero, como te dirá el dentista al confesar que te ha arrancado la muela buena.
Pero en cualquier caso debemos reducir la probabilidad de lesión y entrenar con las máximas garantías.
¿Y qué pasa si ya es tarde?
¿Y si ya nos hemos lesionado?. ¿Qué hago si tengo una vértebra que ya sólo me vale para darle gusto al cocido?. ¿O cómo proceder si te has enganchado un padrastro con el pedal de la bici por ir descalzo y te has despellejado todo el cuerpo?.
Bueno, esa es otra cuestión, la recuperación de lesiones también será uno de los temas del programa Shangri-Light.
Como consejo os diría que no dejéis que ningún médico os desahucie. A mí me desahuciaron por una rodilla lesionada y aquí sigo, haciendo Karate y dándole patadas al saco con esa pierna. Algún día os contaré esa historia.
Hay que buscar siempre alternativas, y hay muchas, lo último es rendirse.
De momento podéis ir echándole un vistazo al post del programa Shangri-Light que trata sobre la recuperación neuromuscular usando la visualización.
Sesión 3. Entrenamiento neuromuscular: “Uso de visualización kinestésica”
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