“Cada paciente lleva su propio médico dentro de sí. Nosotros estamos a su mejor servicio cuando le damos una oportunidad a ese médico de actuar.»
Albert Schweitzer
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¿Dónde estamos?
Programa: Shangri-Light
Hacía tiempo que no escribía una nueva sesión del programa Shangri-Light, ya iba tocando.
En la última sesión vimos los que según el Qigong son los tres pilares del sistema inmune: la esencia, la energía y el espíritu. Estos tres conceptos se refieren a el cuerpo, la energía y la mente.
Si no has leído esta sesión puedes encontrarla aquí.
Sesión 9. Sistema inmune: “Qigong e inmunidad” – Unveiling the reality
Deberías repasarla antes de proseguir con este contenido
¡Asimila y practica el contenido de cada sesión antes de seguir con la siguiente!.
Resumen de este post
Hoy exploramos cómo el cultivo de uno de los tres pilares de la inmunidad según el Qigong: la esencia, ha mejorado mi salud de forma radical.
La esencia se puede cultivar de varias formas pero hoy sólo nos enfocaremos en los masajes sobre las glándulas responsables del sistema inmune.
Estas glándulas se pueden estimular con masajes basados en golpecitos suaves. En este post expongo el contexto y en un segundo que está por venir explicaré la técnica en sí.
Mi amigo Carlos el meteorólogo
Corría el año 2021, cuando en España empezábamos a salir de las restricciones impuestas por el Covid-19. La mascarilla pasaba de ser obligatoria a recomendada en espacios cerrados y los locales de ocio volvían a tener su público.
En este contexto nos reunimos unos cuantos amigos en una terraza de un bar. El motivo era quedar con un amigo que vive fuera de Madrid y del que no podemos disfrutar salvo en contadas ocasiones.
Ese día era una de esas ocasiones y además vino como un rey mago, cargado de regalos. Él es meteorólogo, y muy bueno, y es el coordinador de una serie de libros que explican de forma muy detallada las técnicas de recogida de datos en Meteorología y los modelos que hacen las predicciones. Además de coordinador de la obra es autor de una buena parte de sus contenidos.
Decía que venía como un rey mago porque nos regaló unos ejemplares de su obra, recién salidos del horno. No era ni mucho menos un libro de bolsillo, sino una colección de dos tomos gigantes, con una estética preciosa. Intimidaba su tamaño, pero su estética invitaba a bucear en su contenido por más árido que alguno de los temas le pudiera parecer al profano.
Los agraciados con tan espléndido obsequio fuimos mi gran amigo Juanra, mi hermana Almudena, y yo mismo.
El carrito
Estuvimos en la terraza poniéndonos al día con Carlos durante un buen rato hasta que éste nos dijo que se iba porque tenía compromisos al día siguiente.
En realidad Carlos nos conoce a Juanra, a mi hermana y a mi de sobra. Sabe que somos como los samuráis, nunca desenvainamos nuestra katana en balde. Si salimos no salimos a un bar, salimos de bares, y como buenos samuráis no desenvainamos si no vamos a envainar la katana ensangrentada.
Por nuestra naturaleza de samurais Carlos se excusó y se marchó relativamente pronto antes de que se nos calentara el paladar en demasía.
Nos quedamos los tres mirándonos y pensando cuál sería nuestra próxima parada. Como todavía no todo estaba abierto como antes de las restricciones, no estaba tan claro qué panorama nos encontraríamos.
Así que nos fuimos a explorar. No era poca cosa caminar sin rumbo fijo por esas aceras de Dios con un tomo debajo de cada brazo, cada uno de ellos de peso considerable.
En un momento determinado pasamos por un supermercado que ya estaba cerrado a esa hora. Se habían dejado unos carritos huérfanos en la puerta y Almudena sugirió:
«¿Y si nos llevamos un carrito para acarrear los seis tomos y así no tenemos agujetas mañana?.»
Juanra y yo nos miramos pensando «No parece tan mala idea….», pero después se impuso la sensatez. No somos muy de robar, sobre todo si hay alternativas dentro de la legalidad. Seguiríamos tirando de fuerza bruta.
Además habría sido un tanto extraño entrar en un garito con un carrito de supermercado llevando tres enciclopedias dentro.
Rebañando COVID con cucharón
Al final encontramos un pub que estaba abierto, a una hora en la que los bares normales ya habían cerrado.
Los tres entramos en el pub con un tomo debajo de cada brazo, como pistoleros con un arma a cada lado preparados para desenfundar.
La gente nos miró con cara de «a estos les han cerrado la biblioteca y se han venido aquí».
Avanzamos hacia la barra y dejamos nuestros libros de Meteorología uno encima de otro en dos pilas. Una sola nos pareció peligrosa por la energía potencial que habría adquirido el último tomo de arriba.
Un libro cayendo de esa altura y con semejante masa le habría partido la pierna a cualquiera, así que optamos por una opción más segura.
Allí descubrimos que una forma muy interesante de socializar en un bar es estar en la barra con algo encima que llame la atención. Vinieron unos cuantos a ojear los libros, y a preguntarnos. Algún borracho incluso intentó darnos sus teorías sobre la Meteorología. Fue interesante descubrir que poner un elemento que no debería estar ahí atrae a la gente como miel a las moscas.
Aquello era como ver a un perro tocando el piano, a un político cumpliendo una promesa o a Superman con los calzoncillos debajo del pantalón. Esos libros eran un puto atractor.
Pero a lo que iba, que me desvío. El bar era ya, incluso sin los libros de Meteorología, curioso. Estaba abarrotado de gente, todos sin mascarillas y noté nada más entrar que aquello era una olla de Covid, allí podías rebañarlo con cucharón. Los virus eran tan grandes que se podían ver a simple vista sin instrumento científico alguno. Creo que incluso ví a alguno bailando.
En aquella época ya nos habíamos puesto las primeras vacunas, por lo que confié en mi suerte. Mi hermana también confió en la suya, y Juanra confiaba en nuestra suerte pero no en la suya por lo que no lo dejó al azar y se puso su mascarilla.
Lo que tenía que pasar pasó pero ya no ha vuelto a pasar
Pues sí, a los dos días estaba con Covid, aunque he de decir que mi hermana se libró. El azar lanzó sus dados y me tocó, en gran parte de forma merecida.
No había pillado el Covid anteriormente y no sabía muy bien qué esperar. Sin embargo los síntomas fueron muy livianos, incluso más suaves que los de las bronquitis que de forma periódica suelo pillarme. Me suelo (solía) pillar una bronquitis muy fuerte al año, en un mal año incluso dos, y unos cuantos trancazos de nivel algo menor. Digamos que soy bastante sensible a los bichos respiratorios que merodean por ahí, o al menos lo era.
He de decir que aquella fue la última vez que he contraído una enfermedad de tipo respiratorio, en realidad la última vez que he estado enfermo, hasta el momento. Tocaré madera…..dicen que ha de ser madera sin patas, o sea que Pinocho descartado.
¿Casualidad, la vacuna del Covid me hizo indestructible, los masajes glandulares funcionan o los libros de Meteorología son curativos?
Hace ya algún tiempo que empecé a practicar los masajes sobre las glándulas relacionadas con el sistema inmune, como se indica en los textos de Qigong.
He pasado, como he dicho anteriormente, de contraer una bronquitis anual de media, mas varios trancazos fuertes intermedios, a no haber estado enfermo desde entonces.
En una persona con predisposición a los catarros y a la bronquitis parece un tanto anómalo. Sin embargo no puedo discriminar científicamente si esta racha es producto del azar o más bien resultado de mis prácticas de masaje glandular.
No trato de demostrar nada, solo os cuento que este punto de inflexión en mi salud coincidió con el comienzo de mis prácticas de Qigong.
Cualquiera que sea el motivo, es un método sencillo y barato. Incluso sin tener una certeza absoluta sobre si esto ha sido una casualidad estadística o es una relación causa-efecto, os invito a probarlo y a sacar vuestras propias conclusiones.
Me quedo sin espacio para explicar los masajes en sí. Me recreé un poco con mi historia con Carlos, Juanra y Almudena pero creo que merecía la pena crear el contexto….y un poco de expectación.
Os prometo que la técnica en sí vendrá en el próximo post, o sea que id pillando las palomitas y tomando asiento con boli y papel.
Nos vemos en breve, pero no me quiero despedir sin antes dejaros una foto de los protagonistas de esta historia.
Me habría gustado tumbar a un niño de nueve años entre los dos libros para que apreciarais la escala, pero no tenía ninguno a mano.
Lee, entiende, asimila y ¡¡¡practica!!!
Soundtrack del post
Os dejo con DJ Peresoso y con un gran tema de Anita la panadera.










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